En pocas ocasiones nos es dado contemplar las obras inconclusas por el fallecimiento de un autor. Si es más fácil, que el editor correspondiente utilice a otro dibujante con el objeto de concluir la historia iniciada (La batalla de Vitoria de Salinas, Rusty Riley de Frank Godwin, etc…). Se sigue así la máxima del mundo del circo, en el que pase lo que pase… el espectáculo siempre debe continuar.
No es este el caso. Si podemos disfrutar de estas planchas es porque Laura, la viuda de Dino Battaglia, dadas las buenas relaciones que mantiene con Michel Jans, el editor de ‘Mosquito’, decidió darle la oportunidad de publicarlas cuando imprimió el segundo tomo de ‘Inspector Coke’. ¿Quién era ‘El inspector Coke’? Recapitulemos y vayamos a 1981, dos años antes de 1983, año en que a Dino Battaglia le fue diagnosticado una enfermedad, que le resultaría fatal al poco tiempo.
En aquella época Dino se encontraba embarcado en un nuevo proyecto. Durante los años 70 el mundo profesional de comics italiano, tras el triunfo incuestionable de Hugo Pratt con su ‘Corto Maltés’ , se encontraba envuelto en una polémica que hoy nos parecería banal: héroes si, héroes no.
A lo largo de su larga vida profesional tanto Battaglia como Toppi se habían resistido a caer en la monotonía de un personaje único que canibalizara su trabajo como dibujantes. Todo eso parecía que iba a cambiar. Sergio Bonelli, editor y amigo de Battaglia, había iniciado con su sello ‘L’isola trobatta’ la búsqueda de dos personajes protagonistas para dos de los más grandes dibujantes italianos de aquella época y de esta. Lo que está claro es que ninguno de los dos generaría eso que se puede llamar un ‘héroe al uso’.
Por su parte Sergio Toppi creó un aventurero (cuyas historias continuaría con los años), que coleccionaba todo tipo de objetos preciosos, sin importarle en demasía la forma de obtenerlos. Haciendo honor a su contenido la historia se llamaba ‘El coleccionista’. Battaglia escogería otro tipo de formato, se trataba de un inspector decimonónico inglés, que desbrozaba lo autentico de lo falso en el terreno de lo misterioso.
Ya en el primer episodio de la serie, de la que también era guionista, Battaglia nos daría muestras de la profunda melancolía por la que atravesaba en lo personal. En el relato, poco antes de morir la momia le ofrece el anillo de la inmortalidad al protagonista, este lo tira sin dudarlo al Támesis y añade un comentario clarificador: ‘La inmortalidad, terrible regalo de los dioses. Esto (el anillo) no debe pertenecer a nadie.’
La muerte sorprendió a Battaglia cuando estaba a medio camino de su tercer episodio, ‘El monstruo del Tamesis’. De él nos han quedado 20 páginas terminadas y una en la que solo había realizado las dos viñetas de arriba. Esta última página nos parece tener el aire de una curiosa y extraña despedida.
Mosquito’ decidió incluir estas páginas del episodio inconcluso con el segundo capítulo de la serie titulado ‘Los crímenes del ave Fenix’. A nosotros nos parecen interesantes y por eso las exponemos al juicio y análisis de nuestros visitantes.














































