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23/4/09

ALBERTO BRECCIA. SQUADRA ZENITH


Interesante rostro el de AlbertoBreccia, fue su mejor y más utilizado modelo.

Todo dibujante tiende a representar, de alguna manera, sus rasgos en sus dibujos, pero seguramente Breccia es el que más y mejor lo ha hecho.

Esta es una viñeta/detalle de una página original de Mort Cinder, donde podemos observar de nuevo el nivel que llego a alcanzar en este trabajo y la expresividad de su mejor modelo.
A continuación os pongo la historieta de 8 páginas, pertenece a la serie Scuadra Zenith que realizó en 1975 para Italia, en blanco y negro y en color. El blanco y negro fue publicado en la revista "Blue Jeans" en España (1977) y la versión en color se publicó en la revista "Il Corriere dei Piccoli" en Italia (1975), el color corrió a cargo de la revista.
El tema del color es interesante ¿qué función debe tener el color en el cómic? ¿Debe dar y crear ambiente, debe clarificar la legibilidad visual y ayudar así a la lectura o debe ser un elemento más para embellecer el trabajo? Lo ideal es que cumpla todos los requerimientos como que tenga un gran dibujo (en cualquiera de los estilos gráficos), un buen guión y una buena edición. Como en cualquier lenguaje de comunicación y el cómic tiene su propio lenguaje, se puede hacer bien, regular y mal, en este caso es un buen ejemplo de un trabajo comercial realizado por un gran autor, dando un buen nivel.
De Alberto Breccia siempre se aprende algo, siempre se disfruta de su trabajo y aunque se le puede achacar algún pero, su trayectoria y logros son admirables.


Me gustaría apuntar que un lector de cómic no tiene por que ser un lector de literatura y viceversa, independientemente de la edad, más bien sería cuestión de temática, o así debería ser. Hoy día 23 de abril "Día del libro", recordad que el libro es un recipiente no un contenido.

18/4/09

HUGO PRATT. EL ESOTERISMO EN CORTO MALTÉS - 1


1.-El esoterismo en la época actual.

Definitivamente vivimos una época en que lo esotérico esta de moda. No solo en lo literario (El código da Vinci, La cena secreta, El ocho, El club Dumas...etc) también en el cine y por supuesto en la televisión (en algunos programas con explicación incluida). El concepto en occidente es antiguo y fue transitando de mano en mano a lo largo de los siglos: Del antiguo Egipto a Platón…, a los gnósticos…, los cabalistas..., los templarios...,  los sufíes...,  los alquimistas..., los rosacruces..., los masones..., los sionistas..., los nazis y así sucesivamente.

En el cómic, que es lo que nos ocupa, hay que empezar por decir, que para algunos  autores el concepto en si mismo les resulta asqueroso (Greg) y sin embargo, otros se mueven por él como pececillos en un arroyo (Hugo Pratt). A algunos como a Hergé, simplemente le apasionaba. Ya que ha aparecido su nombre, hablemos de Pratt.

2.-El esoterismo y la personalidad de Hugo Pratt.

Hay muy pocos autores de cómic que hayan sido un personaje en si mismos. Sin lugar a dudas Hugo Pratt, en este terreno, se lleva la palma. De amplia cultura, era eso que se llama un hombre de mundo. Simpático y seductor, atraía irresistiblemente a la gente en las reuniones sociales y todo el mundo salía encantado de haberle conocido, en especial las mujeres más guapas. Políglota de amplio espectro, era capaz de hablar muy correctamente varios idiomas (francés, ingles, español…) además del suyo y de un dialecto de la zona del Véneto. Tocaba la guitarra y cantaba con mucho gusto (sobre todo tangos) y también era muy gracioso e irónico cuando quería ¡Todo un personaje! Además de lo dicho, hay que reconocer que Pratt no era un cobarde. Era un jugador vital que apostaba en ocasiones todo lo que había encima de la mesa y no le rendía pleitesía a nadie. Su gran defecto consistía en pensar que todos los demás debían de ser iguales a él.



Viajero incansable, dio la vuelta al mundo en numerosas ocasiones. Se conocía la Biblioteca Británica de Londres como la palma de la mano y presumía de tener una biblioteca propia de más de 30.000 volúmenes, que iba arrastrando de casa en casa y de país en país. Octavio Paz le había recomendado que siempre alquilase, que no comprase nunca ninguna casa, para no ser atrapado por ella. Pratt hizo caso de su consejo durante bastantes años. Con todo lo dicho, la gente se preguntará: ¿Cuándo tenía tiempo para dibujar? Es fácil, si tenia urgencia en avanzar una entrega, se pasaba unos meses de trabajo intensivo en su casa y cuando no, lo hacia en los hoteles o lugares de residencia, de camino o de regreso de alguna parte. Sus viajes en avión o en barco, le servían para ir pensando los nuevos relatos e ir apuntalando ideas, luego complementaba documentación y atacaba la obra. Su estilo, lo había diseñado para eso, y era capaz de dibujarse cuatro o cinco tiras de Corto Maltés en una noche sin despeinarse.

Hecho este pequeño preámbulo diremos que la personalidad de Pratt se fue haciendo cada vez más hermética (aunque los que le rodeaban no siempre se dieran cuenta de ello). A Pratt, con el paso del tiempo, le empezó a aburrir el trato con la gente (eso le suele ocurrir a todo aquel que tiene facilidad para algo) y dirigió sus intereses hacia sus amigos de siempre y lo que podríamos llamar ‘temas esotéricos’. Los ideales juveniles, a medio camino entre el individualismo feroz, el  anarquismo y el comunismo, dejaron paso a interrogantes sobre la condición humana y su trascendencia. No sabemos que conclusiones sacó al respecto, pues creemos que no se lo contó a nadie, pero lo que sí sabemos es que una vez diagnosticado su cáncer de intestino, en lugar de dejarlo todo y dedicarse a tocar la guitarra, trabajó de forma incansable para concluir sus obras pendientes hasta que la muerte le cogió el paso y finalizó su labor.

Ugo Eugenio Prat (la h y la segunda t se las puso él) era hijo de Rolando Prat y de Ines Eveline Genaro. Llegó al mundo un 15 de Junio de 1927 en el Lido de Ravenna, cerca de Rímini, donde sus padres pasaban las vacaciones. Su padre era un hombre de orden, partisano de Mussolini, pero con una extraña afición, se sentía tremendamente atraído por las sociedades secretas (algunos fascistas tenían una vertiente épica que no les podía satisfacer ni los desfiles, ni la ópera). Su madre era una apasionada del esoterismo, la kábala y la cartomancia (en especial el tarot). Su infancia transcurrió en Venecia en una casa llena de habitaciones y de gente, hasta que su padre fue destacado a Etiopia, por una pelea con un alto mandatario de la época en 1937 (entonces colonia italiana). Allí le acompañarían él y su madre. Pero las cosas fueron mal para Italia en la guerra. Su padre moriría por enfermedad en 1942 y Hugo encontraría su tumba en 1969.  Hugo y su madre tuvieron que ser repatriados por la Cruz Roja en 1943. Sobre las dos vertientes de la familia de Hugo Pratt, diremos simplificando, que la de su padre tenía orígenes franco-británicos y la de su madre era de origen judío español (toledano), replantado en Europa. A pesar del tiempo pasado, su abuela le dejaría en herencia la llave de su casa de Toledo, una baraja árabe de ‘propiedades posiblemente mágicas’ y el irónico fatalismo del que hizo uso a lo largo de toda su vida.

Con estos antecedentes, resulta evidente que su esoterismo contaba con orígenes heterogéneos. La parte judeo-cabalística le venía de su familia y su entorno (en su infancia visitaba muchas veces el gueto judío por las tardes), pero otros elementos se los tendría que buscar por si mismo. Sin embargo Pratt, que se definió en numerosas ocasiones como agnóstico, pareció inicialmente más interesado en los elementos de aventura de sus lecturas juveniles que en cualquier otra cosa. A ello más tarde uniría su pasión por algunos temas históricos muy interesantes y muy olvidados (entreguerras, las guerras franco-inglesas de América del Norte, etc…). Hagamos una pequeña valoración de los mismos a través de las historias y temáticas de su ‘alter ego’ y compañero inseparable de fatigas, Corto Maltés.

Una aclaración antes de empezar. El espacio de un artículo en un Blog es limitado (aunque tengamos tendencia a sobrepasarlo con frecuencia) y el tratamiento de temas tan amplios no puede ser nunca realizado en profundidad. Así, que no tenemos más remedio que hacer una doble presunción: por una parte presupondremos que nuestro lector conoce la obra de Pratt y por otra, que tiene un conocimiento siquiera aproximado de los temas esotéricos. Pedimos disculpas por anticipado, si no fuera de esta manera.


3.-El esoterismo de Corto Maltés.

Analizando globalmente la obra de Pratt en Corto Maltes, puede apreciarse que Pratt amalgamaba en su composición  materiales de muy distinta procedencia. Lo documental se entrecruza con lo imaginativo y lo fantástico, a veces con referencias históricas concretas y en otras ocasiones con elementos poéticos o esotéricos que acompañan la narración. Veamos un somero apunte sobre la combinación de todo ello en el desarrollo histórico del personaje.

En su primer relato, ‘La batalla del mar salado’ (1967),  no parecía que nuestro marino (inicialmente un personaje más, en una obra coral) nos fuera a aportar algo más que aventura, aventura, y un poco más de aventura. El objetivo central del relato era bastante simple, y se centraba en la forma de hacerse rico. El único personaje un poco esotérico era ‘El Monje’, pero su misterio era un poco forzado y no llegaba a ser del todo convincente.

Cuando Pratt decidió resucitar a Corto tres años después para dedicarle toda una saga, los contenidos de  Corto parecían haberse sofisticando. El Corto Maltés que se nos presenta no es tan plano desde el punto de vista psicológico como el inicial, al tiempo que su creador introduce en la segunda tanda toda una gama de novedades temáticas.

En los 21 primeros relatos de Corto Maltés (1970-1973), para Pif (revista juvenil que estaba patrocinada por el Partido Comunista Francés) se establecen las reglas del juego. Estos relatos iniciales serán recopilados en cuatro tomos: ‘Bajo el signo de Capricornio’, ‘Siempre un poco más lejos’, ‘Las Célticas’ y  ‘Las Etiópicas’. El esoterismo que en estos libros se exhibe tiene polivalencias entre connotaciones poéticas, elementos librescos y esoterismos a pie de calle, unidos todos ellos por el pegamento de las experiencias vitales del propio Pratt, acumuladas en sus viajes por el mundo.

Con la aparición de Bocadorada (la bruja de la macumba) en el primer episodio después de ‘La balada del mar salado’, aparece un esoterismo más denso, húmedo  y primario (que el propio Pratt conoció en su estancia en Brasil). Se introducen en la estructura del relato a través de Tristán Bantam, los sueños, el tarot o los presentimientos como moneda de cambio frecuente. El personaje le viene al pelo para ‘enganchar’ al público  juvenil de ‘Pif’. Pero el destino no le permitió nunca a Corto permanecer por mucho tiempo unido a nadie y pronto el joven amigo de nuestro héroe quedará atrás.  

Pero antes, el autor nos quiere contar algunas cosillas, así que no tiene más remedio que presentarnos al Profesor Steiner, un personaje redimido del alcoholismo por nuestro infatigable marino, que aportará con sus amplios conocimientos un aval científico sobre las cuestiones a tratar (en este caso, el continente perdido de Mu, tema con el que curiosamente se cerraría el círculo, al final de la serie).

Pratt conocía y creía bastante en las magias africana y sudamericana, porque había tenido ocasión de conocerlas. De ella, sacaría en muchas ocasiones los elementos mediúmnicos y chamánicos que pululan por su obra, e iría, en un proceso sucesivo, añadiéndole otros tipos de tradiciones mágicas y esotéricas. La principal, la anglosajona de origen céltico-artúrico.

La tradición céltica estaba impresa en sus genes, y a ella le rindió pleitesía en ‘Las Célticas’. Las historias de Corto Maltés sobre Irlanda tienen un componente melancólico del que carecerán otras de sus aventuras. La ocupación inglesa destruiría concienzudamente los grandes monumentos que habían pertenecido a los antiguos reyes de la isla, pero concentraría en el corazón y la música de los irlandeses toda la esencia de su cultura  y su visión mágica de la existencia. Pratt lo sabía y le sacó partido.

En ‘Las Célticas’, descubrimos que las luchas entre naciones están avaladas por sus espíritus protectores, y que estos actúan exactamente igual que los dioses de  ‘La Iliada’, a favor de unos y en contra de otros. La conversación inicial entre Merlín, Oberón y Viviana nos dejan alucinados y sin aliento, a la vez que nos introduce en un mundo de esoterismo poético, o de lo que podríamos llamar esoterismo shakespeariano con profundos tintes líricos (La tempestad, Sueño de una noche de verano, etc…). Más tarde, en su aventura veneciana, Pratt decidió complementar y revisitar este tipo de elementos dándoles una nueva tonalidad.

Su  infancia en Etiopía fue ampliamente ilustrativa para Pratt y allí, lo real y lo fantástico no eran (ni son) mundos separados. Frecuentó la comunidad greco-hebreo-egipcio-armenia y tuvo noticias a través de la antigua literatura copta de que en la vida de aquellos que quieren saber hay siempre siete puertas secretas. El tema etíope sería tratado de forma impecable en sus relatos sobre Shamael y Kuss. Aquí, el basamento esotérico se focaliza en antiguas tradiciones africanas sobre el bien y el mal (que curiosamente tienen un origen judío).  Por otra parte, en sus relatos sobre el África negra introducirá elementos fantásticos (los hombres-leopardo), más próximos a lo mágico que a lo esotérico. Pratt no insistiría mucho en la cuestión.

Una vez desarrolladas las reglas del juego, su inventor decide moverlas o cambiarlas a su gusto y la verdad es que no lo hace nada mal. La primera página de ‘Corto Maltés en Siberia’ (1974) es impagable. La verdad es que no sabíamos que el 34 de diciembre se celebra la festividad de San Felix. Pratt se encuentra en su más alta cota como creador y grafista. Todo lo que toca en ese momento lo transforma en oro. Además, el encaje entre lo esotérico, los sueños, lo poético o lo histórico esta logrado a la perfección. Las triadas chinas (mezcla oriental perfecta entre la mafia y una sociedad secreta), las linternas rojas (sociedad secreta de carácter feminista) y todo tipo de confabulaciones en la ‘Rusia Blanca’, se mezclan en una hermosa historia, con un hermoso desarrollo y un hermoso final.


Pero será en ‘La fábula de Venecia’ (1977), donde todo un nuevo catalogo de esoterismos tomaran cuerpo. Venecia es una ciudad  misteriosa y volátil, casi etérea y un lugar muy adecuado para que florezca lo fantástico e incluso lo fantasmal. Pratt aliña el guiso del mundo de su infancia, recurriendo a personajes como el poeta Gabriele D’Annunzzio y añadiéndole un poco de oxigenación, con elementos costumbristas y castizos, de los que había tenido referencia en su ambiente familiar. A todo ello, le pone unas gotitas de marrasquino esotérico-poético. Aparecen así, desde una supuesta reencarnación de Hipatya  (poeta y matemática alejandrina), a las reuniones secretas de los masones venecianos y sus enfrentamientos con las milicias fascistas (por distintos motivos, ambos grupos le caían francamente mal a nuestro autor y se nota).

En esta aventura de Corto se mezclan antiguas leyendas hebreas sobre una esmeralda enorme (las clavículas  de Salomón) con historias medievales y penurias históricas. El tono se mueve entre lo fabulesco y lo poético. El ambiente teatral le gusta tanto en esta obra a Pratt, que se ve en la obligación a sacar nuevamente a escena  a todos sus personajes al final (tanto los vivos como los muertos) para saludar a sus complacidos lectores.

No tocaría lo esotérico en ‘La juventud de Corto Maltés’ (1984), ni en ‘Tango’ (1985), pero si en un álbum que sería completado en ese mismo año. En ‘La casa dorada de Samarcanda’ (1980-1985) aparecen dos nuevos elementos, muy queridos por los esoteristas: el doble y la sombra. Tengamos en cuenta que en la tradición mistérica, todo aquel que se encuentra con su propio doble, se encuentra muy próximo a la muerte. Su viaje incluye también una secta de adoradores del diablo (documentada históricamente) y elementos fantásticos y misteriosos. Pero no por ello Pratt deja de ser fiel a si mismo. Son elementos que a fin de cuentas, enriquecen el contenido general sin pretender ahogarlo.

Donde su afición hacia lo esotérico ya no se puede reprimir, es en el viaje que Corto realiza a Suiza (en ese momento ya vivía en Grandvoux, cerca de Lausana). En la casa de Hermann Hesse (escritor, por cierto, también bastante esotérico),  Corto (o tal vez Pratt) empieza a sentir extraños presentimientos sobre su muerte. En un magnifico alarde consigue escapar de la muerte con guadaña incluida y beber de la fuente de la eterna juventud.


Con la parca o sin ella, lo que si esta claro en ‘Las Helveticas’ (1987) es que la acumulación de elementos esotéricos empieza a asfixiar  el relato en si mismo. Las largas peroratas no parecen conducir hacia ninguna parte en el desarrollo de la historia e incluso Corto, en muchas ocasiones, resulta cargante en su escepticismo ‘avant la lettre’. Pratt por primera vez, centra su historia en la magnificación de los elementos esotéricos, sin efectuar el sutil balanceo de los mismos que había hecho hasta entonces. No sabemos qué, pero algo había pasado en la vida de Pratt.

 ‘Mu’ (1988) seguiría la senda iniciada por ‘Las Helveticas’ y puede ser considerado su trabajo más fallido a todos los niveles. La presentación de la obra es casi más larga que la obra misma). Pratt no solo introduce todo un batiburrillo de elementos heterogéneos, sino que al final, es incapaz de soldarlos en un relato coherente.  Nuestro autor caerá en la misma trampa, en la que ya años atrás había caído su compatriota Umberto Eco con ‘El péndulo de Foucault’. Lo esotérico y misterioso es un caballo que debe ser domado con mano de hierro en su enfoque narrativo, por todo autor que no quiera ver devorada su obra por su esencia expansiva. Así le ocurre a Pratt en ‘Mu’ y la parte consume al todo. Hasta entonces, a base de sutiles inclusiones en el guión, el esoterismo de Corto Maltés había sido digerible e incluso hasta en alguno de sus aspectos verosímil; pero cuando intenta explicarnos el continente perdido de la ‘A’ a la ‘Z’, su resultado final es un poco ‘naïf’ y farragoso.

En resumen, Pratt introduce en su interpretación de lo esotérico elementos de muy distinta factura, pero de todos ellos, los que peor encajan son los relativos a antiguas culturas desaparecidas del tipo Von Daniken (pero sin extraterrestres). Quizás sea un tema difícil de atacar por lo fragmentario de los elementos documentales o simplemente el puzle sea inencajable. En contrapartida, los esoterismos chamánicos, cabalísticos, negro-sudamericano, o los de origen céltico-artúrico-shakesperiano son manejados con mucha soltura y solvencia creativa. En cuanto al acercamiento de lo que podríamos llamar  ‘la tradición esotérica suiza’, no nos parece que Pratt acertase ni en el fondo, ni en el tono.

Para finalizar, cabe hacer un último apunte complementario sobre la forma de tratar lo esotérico de Pratt. Sus interpretaciones globales son siempre positivas, al igual que en el resto de su obra. Pratt nunca es oscuro o negativo en su apreciación del mundo:  incluso cuando pretende ser crudo, no termina de convencernos del todo. Lo más a lo que llega, es a una cierta tristeza melancólica, sobre todo cuando Corto abandona a alguna de las mujeres que ama (sentimiento, posiblemente compartido por su autor, que tuvo que dejar unas cuantas a lo largo de su vida). Lo que pueden atestiguar millones de ‘sus’ lectores, es que todos los personajes por él creados son humanos y se les coge fácilmente aprecio.

El esoterismo presente en Corto Maltés, (salvo en sus dos últimas obras) nunca fue posesivo, era simplemente presencial, pero no contaminaba a los protagonista, ni la narración. Hay un tono de optimismo consustancial al marino, que impregna toda su obra. El propio Corto en su infancia descubre que no tiene la línea de la fortuna en la palma de la mano y lo remedia por la vía rápida, haciendo uso del filo de una navaja. Con ello Pratt nos dice que todo hombre es el dueño de su destino. Más optimismo, ¡Imposible!

Pratt utilizaba en lo narrativo el tema esotérico de la misma forma que el histórico. Realizaba un bonito juego que consistía en dar una pincelada sobre algo y esperar que el lector supiera de que se estaba hablando o simplemente se tomara la molestia de buscar más información sobre  ello, pero en esta ocasión por su cuenta y riesgo. Mientras tanto y como si nada, él sigue desarrollando la historia que nos cuenta. Con el tiempo pondría introducciones aclaratorias no siempre de su puño y letra (que no creemos leyera demasiada gente), en las que lo más interesante eran las preciosas acuarelas que las ilustraban. Un lector de cómic de tipo medio, eso solo se lo permite a Pratt, al igual que los editores le trataban mejor (y en ocasiones peor) que a otros dibujantes, gracias a su “encanto” natural.

En el trato personal, Hugo Pratt daba la impresión de estar un poco cansado del mundo y de la gente y de guardar mucho más de lo que contaba. En sus relatos, no sabemos si la muerte no le hubiera alcanzado lo que nos hubiera podido contar, pero estamos seguros que con su desaparición quedó sellada la puerta que daba acceso a mundos únicos y maravillosos, mundos a los que solo Hugo Pratt tenía acceso.

Que Hugo Pratt sabía hacer magia, no nos cabe la menor duda, pero de lo que no siempre hemos estado tan seguros es de que su magia fuera de tipo esotérico.


16/4/09

ALBERTO BRECCIA. MORT CINDER. La batalla de las Termópilas



De entre las diversas ediciones de Mort Cinder os traigo las dos que representan los distintos criterios con que se abordaron por parte de lo editores a la hora de elegir si mantener los grises (con mayor o menor fortuna) de los originales o publicarlos en blanco y negro puro (esta es la forma con que contó Breccia en que sería publicado su trabajo, según expresa él mismo en distintas declaraciones)

La edición que conserva los grises es de IMAGO LIBRI - L. F. Bona editore, de 1977, Milan (posiblemente la mejor edición de Mort Cinder hasta ahora), se edito en cuatro tomos.
En blanco y negro he escogido la edición española de PLANETA DeAGOSTINI en el año 2002.
A continuación podéis ver tres detalles de estas dos ediciones y del original (el detalle del original está sacado de la página original expuesta en el blog de Manuel Deskartes, al que agradecemos desde aquí su gentileza por ello).

Las siguientes imágenes reproducen la última historia de Mort Cinder, comparando la versión italiana con la española y así podréis formaros un criterio más claro sobre cual creéis es el adecuado para vuestro gusto o si uno es complemento del otro.

Este es un interesante video en el que José Muñoz nos conduce por una exposición de originales de Alberto Breccia.